Sociedad de mayores
Innovación social y tecnológica, solidaridad entre generaciones, responsabilidad corporativa y armonización entre vida familiar y social son valores que sólo rinden a largo plazo pero que la crisis de natalidad obliga a poner sobre el tapete
El conjunto de la población de los países desarrollados envejece rápidamente.
Los ancianos europeos de 80 años o más años son ya 18 millones y serán 34,7 millones en 2030. Esto es bueno por lo que tiene de longevidad del individuo pero es peligroso si se rompe el equilibrio entre las distintas franjas de edad. Lamentablemente es lo que está ocurriendo.
Una consecuencia de la caída de la tasa de natalidad es que cada vez habrá menos población activa, con la probable disminución de la productividad. Japón es otro ejemplo -y aún más radical-de esta tendencia. Según un informe sobre el envejecimiento de la población publicado en mayo los 66,6 millones de trabajadores japoneses pasaran a ser sólo 42,3 millones en 2050. En la actualidad de un total de 127 millones de japoneses, 27,4 millones tienen mas de 65 años y 12,7 millones superan los 75 años. En 2055, el 40% de la población japonesa tendrá más de 65 años y por cada 1,3 personas en edad laboral, habrá un jubilado.
Este caída de la natalidad plantea grandes retos. Si los ingresos bajan por falta de trabajadores y la población aumenta,¿quién pagará las pensiones, cada vez más numerosas? ¿ quién se hará cargo de los crecientes gastos médicos?
La sostenibilidad de nuestras sociedades exige más niños. Y para ello las mujeres deberán tener muchas facilidades que ahora para poder seguir ejerciendo su trabajo compaginando la maternidad. Las estadísticas dicen que a pesar de que desean tenerlos, los condicionamientos económicos y laborales se lo impiden.
También es necesario un auténtico cambio de mentalidad en cuanto a las jubilaciones forzosas y el período de actividad laboral. No se debería privar del trabajo a quienes a pesar de tener una edad avanzada desean seguir activos y puedan hacerlo. En este contexto, el papel de la inmigración ha de ser repensado, ya que se ha hecho imprescindible para el futuro de nuestra sociedad. La inmigración ha de ser legislada conforme a criterios de derechos democráticos y oportunidades laborales, relegando definitivamente el racismo al baúl de la historia. Pero debería hacerse aunque sólo fuese por mero pragmatismo.
Uno de los problemas es que, sometidas a las presión de la competitividad, la mayoría de nuestras empresas no tienen tiempo, ganas ni recursos para asumir que su actividad se desarrolla en un escenario general amenazado y que deberían contribuir a mejorarlo. Pero los profesionales de las TIC tienen muchos que decir. La tecnología puede contribuir a innovar en muchos procesos de recursos humanos, trayectorias laborales, mejoramiento de la sanidad pública… no sólo por solidaridad, también para abrir oportunidades de negocio. De hecho ya lo está haciendo, aunque los medios se hagan escaso eco de ello. Pensar en el largo plazo no está bien visto en bolsa pero el futuro de todos depende de ello.
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