Competencias exigidas a los nuevos profesionales globales

David Oliva es director de d-Core Network en T-Systems.

A menudo trivializamos factores de importancia vital para nuestra economía. Uno de ellos es el de las vivencias paralelas a la etapa universitaria y, en concreto, las estancias y vivencias de los jóvenes en el extranjero.
Las épocas de crisis deben de ser el momento para evaluar nuestro modelo productivo e impulsar acciones que actúen como multiplicadores de nuestra economía. Estas acciones deben comprender el ámbito del factor humano y, en concreto, la adaptación de las competencias profesionales a la nueva realidad post-crisis.

El término competencia profesional ha sufrido importantes modificaciones a lo largo de los años, de acuerdo con las nuevas exigencias que emanan de la realidad de los negocios hemos conseguido un alto nivel, equiparable a los países más ricos del mundo, en cuanto a competencias tangibles como es la titulación académica o las certificaciones técnicas, pero todavía sufrimos un retraso en ciertas competencias menos tangibles. En concreto, me refiero a idiomas y a adaptabilidad cultural.
Para entender la importancia de que los nuevos profesionales se incorporen al mercado laboral con experiencia internacional, merece la pena repasar dos factores que son los catalizadores de la necesidad de esta actualización de las competencias profesionales exigidas: la globalización y la crisis.

Nunca está de más acotar qué entendemos por globalización. A los efectos de este artículo, podríamos entenderla como el proceso por el que la creciente comunicación e interdependencia entre los distintos países del mundo unifica mercados, sociedades y culturas, a través de una serie de transformaciones sociales, económicas y políticas, que les dan un carácter global y de red.
¿Cómo un profesional español se comunica con otro profesional de Brasil? Aun más, ¿qué construcciones mentales subyacentes comparten ambas partes para comunicarse constructivamente?
En la economía global, quien sabe gestionar esto gana. Superar el choque cultural a la velocidad de la luz es vital. Choque cultural es un término acuñado para describir la ansiedad y la multitud de sentimientos causados por el contacto con un medio social distinto, creando dificultades en saber qué es apropiado y qué no en las relaciones en un entorno diferente. Frecuentemente se combina con un fuerte rechazo a ciertos aspectos de la cultura ajena.
El impacto de la crisis en la economía española ha mostrado, en cierta medida, las carencias en los cimientos de nuestro reciente crecimiento, la debilidad que comporta nuestro déficit exportador y la falta de productividad y de competitividad de muchos de nuestros servicios.

En el entorno en que nos movemos, no podemos permitirnos el lujo de pensar que somos competitivos por ofrecer servicios basados en unos niveles salariales relativamente bajos. Ese no es nuestro nicho de mercado.
Definitivamente, parece obvio que es necesario replantear las competencias necesarias de los nuevos profesionales globales post-crisis.
No sorprende a nadie que el inglés se haya convertido prácticamente en una lengua franca, pero continuamos siendo poco competitivos en este ámbito, sobre todo cuando más de la mitad de los españoles no habla ningún idioma diferente a su lengua materna. Más preocupante todavía es el poco inventario de conocimientos de otros idiomas que tenemos como economía, y esto es una señal de debilidad cuando en un entorno global competimos con otras economías y empresas que sí que disponen de estas habilidades. La carencia de idiomas en los profesionales es un condicionante de peso para el crecimiento y la sostenibilidad de nuestras empresas.

Por otra parte, la formación práctica en el exterior es fuente, en mi opinión, de esas virtudes de autonomía y flexibilidad que proporcionan la verdadera competencia profesional. Vivir y trabajar en un entorno extraño y diferente estimula enormemente esas funcionalidades, así como las de tipo social de trabajo en equipo. No hay forma más eficaz de hacerlo. No hay experiencia que ponga más a prueba esas cualidades de adaptación a entornos cambiantes, ni ninguna otra que proporcione resultados tan positivos. En este aspecto, la realidad va en contra del idealismo, la falta de movilidad geográfica endémica que sufrimos promueve que nuestro primer enfrentamiento con la realidad global se suela dar en situaciones de negocio en las que no hay margen para los malos entendidos.
En un escenario post-crisis, estoy seguro que viviremos una segunda ola del desarrollo de oportunidades en dos ámbitos geográficos de primer orden: Latinoamérica y Europa.

Latinoamérica continúa estando tan cerca y tan lejos; la facilidad que representa compartir idioma no lo es en cuanto a la equiparación de las relaciones de negocios; subestimar las diferencias es un grave error y, para ello, se deben promocionar las relaciones de intercambio de estudiantes hacia la región, a la vez que aprovechar sistemáticamente la estancia del talento que viene a completar su formación en España.
Europa es, y debe serlo más, nuestro principal objetivo económico, nuestro mercado natural ampliado. A pesar de que existen iniciativas magníficas en el ámbito de la movilidad, como es el programa Erasmus, da la impresión de que el balance entre los estudiantes que vienen y los que se van continúa aflorando un déficit de voluntad de movilidad entre nuestros jóvenes talentos.

Un ejemplo de cómo nuestra economía se podría beneficiar del desarrollo de estas nuevas competencias profesionales son los servicios de Tecnologías de la Información. España posee unas circunstancias envidiables para convertirse en el gran centro de servicios nearshore (de proximidad) tecnológicos de Europa debido a la cantidad y la excelencia técnica de nuestros profesionales. Asimismo, somos el puente entre estos servicios de proximidad y los servicios tecnológicos offshore (de lejanía) que se pueden prestar desde Latinoamérica, y esto es un posicionamiento único en Europa.
España no tiene asegurada todavía una posición entre los países más aptos para el nearshore. Esto se confirmará en breve y para ello es clave el liderazgo de profesionales dotados de las competencias profesionales intangibles mencionadas.

A raíz de este ejemplo, parece obvio que la adecuación de las carreras profesionales promocionando los idiomas y las estancias en el extranjero no es ni mucho menos trivial. De igual modo que se planifica toda la cuestión académica, debe planificarse con el mismo esmero la adquisición de competencias intangibles. Del mismo modo, con el talento existente en las organizaciones se deben tomar medidas orientadas a perfeccionar el dominio de los idiomas y la gestión de las diferencias culturales.
Las compañías deben aumentar la exigencia en el reclutamiento de nuevos profesionales respecto a estas competencias, la resignación no impulsa el rigor que los diferentes agentes de la economía deben mostrar respecto a este tema.
¿Competencias exigidas o exigibles? En un país de primera línea deben de ser radicalmente exigidas.

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Escrito por Redaccion el jun 28 2010. Archivado bajo Punto de Vista. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta o un trackback a esta entrada

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