Perdidos en la nube

El ser humano está continuamente planteándose nuevos retos y resulta muy interesante observar el camino recorrido por cualquier avance hasta que llega a convertirse en algo útil. Primero se produce un avance “complejo” o descubrimiento –muchas veces por azar-, se buscan posibles aplicaciones, se experimenta y optimiza y, tras adquirir el nivel “industrializado”, se simplifica su uso. Casi por arte de magia, el nuevo avance –cuyos fundamentos son difíciles de entender para la gran mayoría- pasa al dominio público y, en ese momento, es posible construir nuevos avances en base a la “caja negra” en que se encierra la complejidad de los logros ya existentes.
Nuestra sociedad tiene también la necesidad de encerrar la enorme complejidad que plantean las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC) en abstracciones que permitan “simplemente utilizarlas”. Pero esto sólo es posible cuando se alcanza un nivel de madurez y sofisticación tecnológica que lo permite, y es precisamente lo que está ocurriendo en estos momentos.

1.- “La nube” o the cloud es sinónimo de Internet
El término cloud se empezó a utilizar cuando las operadoras de telefonía comenzaron a canalizar el tráfico de datos a través de redes con mayor o menor carácter público. Se hizo necesario entonces un nivel de abstracción que permitiera ocultar el detalle y complejidad de la gestión de esas líneas de conexión entre los distintos puntos relacionados, y se generalizó el uso de una forma gráfica cuyo trazo recuerda a una “nube”, y que pasó a ser “problema de la telco”. Más tarde se extendería esa forma gráfica de representación también para esquematizar la interconexión de equipos informáticos cuando nos queremos abstraer de los detalles concretos de una topología de red. Y con la generalización de Internet como la red global de conexión de ordenadores en todo el mundo se adoptó esta metáfora como un sinónimo más para esa red.
De esta forma, se consiguió empaquetar la complejidad que encierra la comunicación y se había encontrado una tipología de proveedor al que confiarle su funcionamiento, a partir de entonces se vería “como un servicio”.

2.- La capacidad de computación como una utility
Una vez superada la dificultad de la conectividad entre equipos informáticos, e incluso con la capilaridad que permite la llegada masiva de la banda ancha de datos fijos y móviles, se empieza a vislumbrar la idea de poder ofrecer las capacidades TI (aquéllas relacionadas con el procesamiento, la memoria y el almacenamiento) de forma parecida a como obtenemos la corriente eléctrica: sin preocuparnos de la complejidad de infraestructuras y red que eso le suponga al proveedor del servicio, sólo acordando y exigiendo que nos la sirvan dentro de unos parámetros de calidad previamente pactados.
La industria tecnológica ha ido ofreciendo distintas alternativas sobre este concepto, cada vez más cerca de pagar únicamente por los recursos consumidos o reservados, como  el utility computing (pago por lo realmente utilizado –similar al modelo de las eléctricas-) y el de suscripción (cuota en virtud de unas capacidades concretas contratadas –como una tarifa plana de datos-).

3.- Mantenimiento del control de los procesos que nos hacen únicos

Para conseguir un nivel de abstracción que permita evitar preocuparse por aquello que es común entre empresas, aparecen paradigmas y tecnologías como service oriented architecture (SOA) y software as a service (SaaS).
El objetivo de encapsular la complejidad bajo la capa de aplicación nos lleva a una posible clasificación de procesos:
a) Los comoditizados. Son aquéllos que la gran mayoría de las organizaciones tienen. Están disponibles y muy probados, y mantenerlos dentro de la empresa supone un gasto que puede llegar a ser innecesario.
b) Los diferenciados. Son aquellos procesos que comparten las empresas de un determinado sector, mercado, tamaño o localización. Existen proveedores especializados capaces de ofrecerlos mejor que desde dentro de la propia organización.
c) Los procesos únicos.  Son aquéllos que hacen única a una empresa y la diferencian del resto. Éstos son los que hay que mantener dentro, invirtiendo fuertemente e innovando en ellos lo máximo posible.

4.- El cloud computing, una tendencia imparable

Gartner pronostica que en 5 años alcanzará cifras de negocio mundial cercanas a los 150.000 millones de dólares. IDC, por su parte, indica que en España su penetración llegará a ser del 25 por ciento en tan sólo 5 años, y alcanzará el 100 por cien -acaparando la práctica totalidad de la gestión de infraestructuras TI- en poco más de 10 años.
No es de extrañar que con estos vaticinios las inversiones TI en este nuevo mercado se estén disparando: “la nube” ha venido para quedarse e incluso para acapararlo todo: es una de las tendencias que más rápido crecerán en los próximos años.

5.- Una decisión que no afecta al usuario final
Si una empresa tiene que desplegar una aplicación web, un nuevo proceso, u optimizar algo existente, y desea que sus futuros usuarios estén satisfechos al utilizarla (desde cualquier sitio y desde cualquier terminal, siempre con la mejor experiencia que ese dispositivo sea capaz de proporcionarle), tiene una nueva opción que contemplar además de ampliar las capacidades del Centro de Proceso de Datos (CPD) u optimizarlo para liberar recursos, comprar espacio en el data center de un tercero y el hardware y software necesario u optar por  modelos de alojamiento virtual.
La nueva alternativa es lanzarla a la nube y negociar un buen nivel de calidad de servicio (SLA) con el proveedor que haya seleccionado. Es una nueva opción que deben tener en cuenta las organizaciones, que no tienen por qué preocuparse por sus clientes porque para ser un usuario satisfecho de una aplicación, no le va a preocupar dónde esté físicamente alojada, ni sobre qué tipo de hardware o  qué sistema operativo controla sus servidores, de qué almacenamiento dispone o con qué nivel de redundancia. Lo que le va a preocupar es que funcione siempre y rápido, y que cumpla las políticas declaradas. Así que el usuario final no estará impactado por la decisión, va a relacionarse directamente con el nivel de aplicación/proceso.

6.- La promesa: un CPD on demand sobre plataformas multicliente seguras, flexibles y escalables
Como beneficio inmediato están las bajas barreras de entrada, ya que con el uso de infraestructuras compartidas se elimina la necesidad de inversión y se reducen considerablemente los costes de gestión.

a) Ventajas económicas: Se cambian importantes inversiones (en red, equipos, aplicaciones, soporte y mantenimiento) por pagos ajustados al uso efectivo que se hace, con lo que se consiguen los mayores ahorros en el dimensionamiento estacional (campañas, horas pico, etc.)
b) Ventajas técnicas: Se consigue el despliegue y disponibilidad inmediata de la infraestructura que se necesita, que deberá ser posible controlar y gestionar de la forma más neutral posible (sin preocuparse de los sistemas operativos, servidores de aplicación, gestores de bases de datos, etc.), y que preferiblemente se hará desde un navegador web, logrando una mayor flexibilidad, movilidad, utilidad, estabilidad, control y monitorización de la actividad.
c) Ventajas operativas: Es posible mejorar la disponibilidad usando proveedores redundantes. La escalabilidad será tan automática que se podrá conseguir casi en tiempo real. En este tipo de entornos fuertemente centralizados y especializados, la mejora en parámetros de sostenibilidad también resulta  más sencilla.

7.- Factores a tener en cuenta para no equivocarse
a) ¿Dónde están los datos? El proveedor debe garantizar que cumplirá como mínimo con la ley vigente en cada país.
b) Será necesaria conexión con “el exterior” continuamente.
c) Los errores entre la capa de software y de servicio se propagan de forma inmediata, afectando de forma simultánea a todos los usuarios. Pueden existir problemas técnicos (como pasaría en fórmulas tradicionales) y las organizaciones tendrán que confiar en que sean gestionados eficientemente. Para que así sea, su principal arma habrá sido negociar penalizaciones que incentiven a invertir en medidas de prevención y respaldo.
d) Todavía no están claros los migration paths, así que en caso de que un proveedor cese su actividad y el cliente se enfrente a tener que migrar en un corto espacio de tiempo a otro, ¿como lo hará?, ¿resultarán compatibles las infraestructuras, plataformas, y APIs de servicios?
e) Además, el cliente tendrá que aceptar condiciones y políticas del proveedor (p.ej.: tipología de contenidos permitidos o casuística que ocasiona la denegación de servicios si la incumple), que serán interpretados por personal que no conoce y cuyas decisiones pueden ocasionar desacuerdos.
Es importante recordar que los fallos e indisponibilidad cuestan esfuerzo, dinero y reputación.

8.- Es posible tener una “nube privada virtual”
Podríamos distinguir varios tipos de cloud, según los aspectos de propiedad y gestión.
• “Nube privada”: Si una organización quiere ganar en agilidad a la hora de poner a disposición de sus clientes los nuevos servicios, puede optar por “nebulizar” su CPD. Es un proyecto de fuerte virtualización.
• “Nube pública”: Esas capacidades le son ofrecidas desde Internet, y la empresa no es propietaria ni gestiona lo que subyace tras el servicio.
• “Nube virtual”: Es posible solicitar una nube pública vía Red Privada Virtual (VPN), que se convierte en “nube privada virtual”. Ésta modalidad está indicada cuando se quiere disponer de un servicio con todas las características descritas sin renunciar a los beneficios que supone externalizar su gestión ni al nivel de seguridad y control con los que se está familiarizado.

9.- Colocar determinados procesos en la nube genera eficiencia
En momentos económicos como el actual la prudencia aconseja no arriesgarse.
Una organización debería contemplar la nube para aquellos procesos con riesgo controlado o que no están relacionados con su core business. Según la clasificación anterior, podríamos concluir que el cloud computing debe ser parte de una estrategia global de la empresa y su eficacia de implantación dependerá de la infraestructura actual que tenga, de su tamaño, del riesgo de sus operaciones y procesos, del coste asumible y de los requisitos de integración de los equipos y aplicaciones.
Si una empresa pone los procesos comoditizados y la mayoría de los diferenciados en la “nube”, liberaría gran cantidad de recursos para invertir en los procesos únicos, ganando así en eficiencia.

10.- Según el tipo de nube, el proveedor
Si alguien está pensando que hay una única “nube” es que ha sido capaz de ver mucho más allá de lo que actualmente nos ofrecen la tecnología y los estándares. Lo que realmente podemos encontrar ahora es la convivencia de “distintas nubes”: unas públicas, otras privadas, bastantes centradas en ofrecer infraestructura hardware, muchas muy generalistas y, las menos,noptimizadas para algún sector concreto de actividad.
Así que una empresa debe primero decidir qué tipo de nube se adapta mejor a su roadmap y, en función de ello, dispondrá de unos socios más cualificados que otros. Algunos ejemplos son outsourcers de data centers, operadores de comunicaciones con oferta convergente de Tecnologías de la información y Comunicaciones, proveedores evolucionados desde el hosting tradicional, especialistas en virtualización o grandes empresas de Internet que tienen excedentes de computación que quieren aprovechar.

Agustín Cárdenas Fernández, Dirección de Estrategia y Desarrollo de Negocio de la Unidad de Grandes Empresas de Telefónica España.

URL: http://www.datati.es/?p=2204

Escrito por Redaccion el feb 19 2010. Archivado bajo Actualidad, Newsletter, Prod. de comunicaciones, Productos. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta o un trackback a esta entrada

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