El sector de las telecomunicaciones y la empleabilidad de los ingenieros de telecomunicación
Francisco I. Vicente Guillén es Decano del Colegio Oficial de Telecomunicación de Andalucía Occidental y Ceuta, COITAOC.
España se considera la 8ª potencia a nivel mundial en PIB, pero curiosamente se encuentra en el puesto 23 en términos de competitividad. Aún pareciendo un contrasentido tiene una clara explicación: nos encontramos en un país donde la dependencia exterior es total y absoluta. Sin lugar alguno, ser el 2º país del mundo en endeudamiento dice muy poco de nuestra capacidad para generar riqueza y consolidar lo que podemos llamar una economía estable.
Las empresas, las grandes empresas, son multinacionales que han invertido en España en una época donde nuestro país era atractivo económicamente. Pero con el tiempo y la crisis se dan cuenta que existen otros donde la rentabilidad es mas rápida y donde la competitividad la lleva a gala desde el primer directivo hasta el último empleado. Quitando las honrosas excepciones de las multinacionales españolas, somos un país de sucursales y de franquicias donde el valor añadido que aporta el “Conocimiento de las cosas” se nos evapora de manera casi inmediata y esto es debido a la poca capacidad emprendedora de nuestros ingenieros y las empresas que lo sustentan.
Nuestras empresas viven el corto plazo, mirando siempre mejorar la facturación, reducir los costes y lograr el máximo de beneficios, y esto, que es por ley lo que debe hacer una empresa, tiene el problema de no ver las implicaciones a largo plazo que ello representa. Contar con gente joven, técnicamente muy preparados para solucionar los problemas del ahora, pero sin potenciar ese capital humano que tiene en sus manos para desarrollar y mirar al futuro con garantías, hace que nuestros ingenieros se desmotiven y que su concepto de formación continua, su compromiso empresarial y su predisposición al sacrificio vaya menguando de manera exponencial. Ahora se busca un perfil de ingeniero de bajo costo, siendo igual la especialidad que ha estudiado, que sea joven y que su vida laboral media esté en no más allá de lo que dura el proyecto en el que se está trabajando. Y claro, con estos mimbres, ¿como serán los cestos?.
Estamos instalados en la Sociedad del Conocimiento, pero ¿de qué conocimiento?. Se están desarrollando programas de regulación de empleo donde las personas con ese Know How se están marchando a sus casas dejando todo lo que han aprendido en el camino. Las políticas laborales son eficaces siempre y cuando lleven a una mejor y mayor eficiencia en los trabajos y donde la transmisión del conocimiento se haga de mayores a jóvenes de una manera pausada y reglada, libre de toda especulación laboral y económica.
Nuestros jóvenes estudian, se matan estudiando, con cambios continuos en la docencia. Del total de los jóvenes que inician su actividad profesional ligados a las Tecnologías de la Información solo el 24 % lo hacen en Escuelas Superiores. De ellos solo el 25% lo hacen en centros de Ingeniería de Telecomunicación y, como hecho singular, en los últimos 5 años ha decaído la incorporación a las Escuelas en un 37%. Con este panorama y ante los estudios que señalizan que las necesidades de estos profesionales están fijadas en unos 100.000 para los próximos años, el panorama no es nada halagüeño. Recurriremos a ingenieros extranjeros, a personal menos cualificados y dejaremos pasar nuestra oportunidad de oro de ser un país competitivo, capaz y dotado de técnicos que hagan evolucionar las empresas hacia cuotas de desarrollo y modernidad.
Desde que tengo uso de razón, todos los sectores (y podemos señalar a los de agricultura, automoción, banca, transporte, etc.) han recibido ayudas estatales para el mantenimiento de la actividad. Todos menos el de las Telecomunicaciones. Con mayor o menor éxito, estas ayudas han contribuido a proteger las empresas y a los trabajadores y muy rara vez al desarrollo del sector y consolidación de los avances.
Sin embargo, la conjunción de la estrategia y el negocio, la aparición de las nuevas redes de Banda Ancha, la Televisión Digital, los nuevos Servicios y los nuevos parámetros que debemos aplicar en nuestra sociedad, hace que miremos a los ingenieros, Sector y empresas de Telecomunicaciones como las únicas capaces de sacarnos del atolladero en el que nos encontramos.
Por cada euro invertido en generación de empleo en los sectores convencionales, representaría en las TIC una ocupación laboral de 5 veces superior. Por cada euro invertido en sectores convencionales, si se hiciera en TIC, representaría una consolidación de riqueza un 300 % superior y con un periodo de mantenibilidad de la misma 10 veces superior. Y así con casi todos los sectores.
¿Hasta cuando seguiremos a la cola de la innovación? ¿Hasta cuando dejaremos de mirar el corto plazo y encaminaremos a nuestro país al nivel que por capacidad le corresponde? ¿Hasta cuando seguiremos aplicando políticas insuficientes para el empleo y uso de las Telecomunicaciones?
Generemos estas ayudas de inmediato, apostemos por la calidad en el trabajo y la empleabilidad a largo plazo y logremos implicar tanto nuestros docentes, empresarios como nuestros gobernantes. Si volvemos a dejar pasar, nuevamente, esta oportunidad, no nos lamentemos que nuestro país esté a la cola del mundo occidental.
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